domingo, 13 de julio de 2008

Hethert, Señora de la Danza



La diosa...

El nombre de la diosa está compuesto por dos palabras: Het-Hor las que se traducen como: “La Casa de Heru” (o lugar de residencia de Heru). El jeroglífico de su nombre se escribe como un halcón dentro de un cuadrado que representa la casa, lo que nos está dando a entender que Hethert es el espacio sagrado y protector que contiene al halcón Heru. El representante de Heru sobre la tierra era el monarca y la reina consorte por su parte se identificaba con la diosa Hethert.

Danzas en su Honor

En la antigua tierra de Kemet la danza era entendida como una actividad sagrada, por medio de la cual el ser humano podía canalizar energías divinas. En esta cultura cada actividad estaba representada y resguardada por una manifestación de la Divinidad Suprema. A la diosa Hethert se la nombró “Señora de la Danza”, y por ende, de la felicidad, la alegría y el amor. La danza de por sí brinda alegría al corazón y ahuyenta la tristeza.

Las bailarinas estaban bajo el patronazgo de Hethert, por lo que se pretendían que fueran mujeres muy bellas, de cabellos ensortijados y perfumados, de cuerpos perfectos ya que las bailarinas solían bailar desnudas o luciendo únicamente pulseras, cinturones y collares.

En la vida diaria de los campesinos eran muchas las ocasiones en que se requería la presencia de bailarinas: durante la recolección o la vendimia, las fiestas en honor de la Deidad e, inclusive, en los funerales. Estas mujeres eran quienes canalizaban la armonía, originaban el ritmo y hacían vibrar tanto al espíritu humano como a la propia Deidad contagiando esa inmensa alegría que desde siempre caracterizó al pueblo de Kemet.

Tanto la tumba del escriba Idu como la de Mereruka muestran ejemplos de distintas danzas; en esta última se ha representado la "Danza de los Espejos" (objeto más ritual que de uso diario relacionado con Hethert), donde las bailarinas ahuyentan los malos espíritus, comulgan con el sol y la luna que representan los espejos hasta alcanzar un estado de trance espiritual.

Eran varias las fiestas en donde las bailarinas sagradas celebraban en unión con su deidad protectora; un ejemplo era la fiesta del sol femenino que se realizaba en la región tebana de Medamud, en la que las bailarinas representaban la unión de Hethert con la luz divina derramando fertilidad sobre las tierras de cultivo.

También las músicos, tañedoras de sistro y las cantoras eran iniciadas en los misterios de Hethert y, junto con las bailarinas y las acróbatas, participaban todos los años en los grandes festejos que se realizaban en el templo de Aset en Filae, con motivo del regreso de la "diosa lejana" de las tierras de Nubia. Según cuenta el mito, Hethert, el Ojo de Ra, tomando la forma de una leona salvaje se exilia de Kemet luego de una riña con su padre. Los dioses Dyehuty y Shu, el verbo y el aire luminoso, son enviados por Ra con la misión de traerla de vuelta al Valle del Nilo. Tras convencerla comienzan el viaje de regreso. En la ciudad de El Kab la diosa tomó la forma de un buitre, y en el siguiente pueblo de una gacela. Al entrar a Waset (Tebas) toda la ciudad enloqueció de alegría y Hethert se sintió tan feliz que se manifestó a sus adoradores transformada en una bella y bondadosa mujer.

Bajo su apariencia femenina Hethert era la más encantadora y alegre de las diosas, mas cuando encarna al Ojo del Sol puede llegar a ser la más cruel y feroz de las deidades. Sólo las mujeres que están a su servicio consiguen, por medio de su arte, transformar una fuerza peligrosa en energía creadora.

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